LAS REFORMAS RELIGIOSAS
Y LA ERA DE LA CONFESIONALIZACIÓN
Crisis de la
religiosidad medieval y primeras tentativas reformistas
Pérdida de prestigio del Papado
Desde la baja E.M. existía un descontento bastante
generalizado en relación con la Iglesia, los Papas, el clero o las prácticas
religiosas, acompañado del deseo de volver a las enseñanzas genuinas del
Evangelio, sin los añadidos posteriores. Respecto al Papado, no conviene
proyectar hacia el pasado la imagen contemporánea: ni el primado romano sobre
los obispos era aceptado por todos ni se había definido aun la infalibilidad
pontificia, ni los papas contaban con la auctoritas
moral que adquirirían en otros momentos. La decadencia del Papado era evidente
tras la prolongada estancia de la sede pontificia en Avignon y el cisma
posterior (1378-1417). El Concilio de Constanza (1414-1418), iniciado cuando
había tres papas, no sirvió para consolidar
su autoridad y su prestigio ni tampoco ayudaron a ello la mayor parte de
los papas del renacimiento, excesivamente preocupados por su poder temporal y
demasiado mundanos. En los siglos XIV y XV no solo habían adquirido un
importante desarrollo de las teorías conciliaristas, que defendían la
superioridad de los concilios sobre el Papa, sino también las tendencias
nacionales, con fuerte carga xenófoba, en las iglesias de buena parte de los
territorios europeos, que aspiraban a una práctica independencia del poder de
Roma. El poder religioso de los príncipes no era una simple práctica, sino que
se basaba en toda una corriente de pensamiento teórico, desde los tiempos de la
pugna entre el Papa y el emperador. Su manifestación más genuina es el
regalismo, que desempeñó un papel decisivo en la Reforma. Consistía en la
pretensión de los reyes de gobernar sus iglesias, quedarse con una parte
conspicua de sus rentas e impedir la injerencia de un poder externo como el del
Papa. . Las quejas contra las exigencias de Roma se materializaron en los
llamados gravamina germaniae.

