El Renacimiento es un periodo de la historia europea durante los siglos XV y XVI caracterizado por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.
Características
del Renacimiento:
El culto a la Antigüedad Clásica, de la que se estimaban los valores literarios y los modelos de la vida. El mundo clásico descansaba sobre una concepción antropocéntrica y materialista de la vida, y su conocimiento supuso el descubrimiento del hombre, de sus instintos y su razón, y de la vida material de sus placeres y belleza. Frente a la actitud teocéntrica medieval, el renacentista se situaba en el centro del mundo y la inteligencia era una potencia a descubrir y conocer por sí misma. Se mostraba gran interés por lo que el hombre había realizado o podía realizar. Se descubre y se valora la Naturaleza como modelo de belleza. El hombre empezó a desarrollar por igual sus facultades físicas (con el dominio de las armas) y espirituales (las letras). Se separa lo natural de lo sobre natural, porque lo que es más importante es el hombre y su entorno se puede probar científicamente, mientras que lo no natural es una creencia (no se puede demostrar). El ideal en el que se busca lo inalcanzable, lo perfecto. Es un periodo que se enmarcó en el amor al saber, ya que el hombre es el centro de sus preocupaciones, su sabiduría es su saber, prima la naturalidad y el predominio de la razón sobre la fe.
El culto a la Antigüedad Clásica, de la que se estimaban los valores literarios y los modelos de la vida. El mundo clásico descansaba sobre una concepción antropocéntrica y materialista de la vida, y su conocimiento supuso el descubrimiento del hombre, de sus instintos y su razón, y de la vida material de sus placeres y belleza. Frente a la actitud teocéntrica medieval, el renacentista se situaba en el centro del mundo y la inteligencia era una potencia a descubrir y conocer por sí misma. Se mostraba gran interés por lo que el hombre había realizado o podía realizar. Se descubre y se valora la Naturaleza como modelo de belleza. El hombre empezó a desarrollar por igual sus facultades físicas (con el dominio de las armas) y espirituales (las letras). Se separa lo natural de lo sobre natural, porque lo que es más importante es el hombre y su entorno se puede probar científicamente, mientras que lo no natural es una creencia (no se puede demostrar). El ideal en el que se busca lo inalcanzable, lo perfecto. Es un periodo que se enmarcó en el amor al saber, ya que el hombre es el centro de sus preocupaciones, su sabiduría es su saber, prima la naturalidad y el predominio de la razón sobre la fe.
Los conceptos de
“Renacimiento y Humanismo”
El término Renacimiento hace alusión a un renacer, una vuelta
a la vida y se refiere originariamente a la recuperación del mundo antiguo y
sus valores, que se produjo en la cultura italiana entre los siglos XIV y XVI y
que a partir de las últimas décadas del XV se extendería por otros países de
Europa. Al proporcionar una nueva visión del mundo y del hombre, no quedó
restringido a los aspectos culturales, como el arte o la literatura, sino que
dejó su impronta en la política, religión, ciencia y el conjunto de las
manifestaciones humanas, por lo que los historiadores lo utilizan en un sentido
omnicomprensivo, entendiéndolo como una civilización o cultura de época. Ahora
bien, hemos de tener en cuenta que la civilización del Renacimiento se compuso
también de elementos ajenos al mundo antiguo, pues la imprenta, el
perfeccionamiento de la artillería… poco tienen que ver con el mundo antiguo.
En la práctica el concepto de “Renacimiento” se aplica tanto a la época como a
los aspectos artísticos. El de “Humanismo”, en cambio es más concreto y procede
de los Studia humanitatis o
conocimientos que permiten incrementar la humanidad
individual, hacerse hombre en el sentido más pleno del término mediante el
uso correcto de la inteligencia y el lenguaje, que nos diferencia de los
animales. Se trataba básicamente de gramática, retórica, poética y filosofía
moral, a cuyos profesores comenzó a conocérseles en el siglo XV como humanistas
o gramáticos.
En el inconsciente personal la palabra Renacimiento nos evoca
una pletórica recreación de la Antigüedad clásica, en literatura, pensamiento,
arte…, particularmente de Italia. Y es este proyecto de revivir la Antigüedad
el que presta su fisonomía más definida al llamado Renacimiento. Los problemas
se presentan al expandir su significado a la totalidad histórica de una época e
intentar transferirlo desde las minorías cultas al conjunto social. En este
sentido el Renacimiento forma parte de las periodizaciones estructurales, que
han diseñado etapas definidas y caracterizadas para la cultura, la filosofía,
las mentalidades, la expresión artística y los estilos de vida. Si queremos
aplicar el término con este matiz de cultura de época debemos situarlo entre el
siglo XIV y mediados del XVI. Por otro lado, sus creaciones deberán vincularse
a minorías urbanas en contrapunto con mayorías asentadas en la tradición
medieval.
El interés por el Renacimiento como cultura de época se
inicia a mediados del XIX, tras una etapa de admiración medieval propia del
Romanticismo. El autor más significativo será Jacob Burckhardt, cuya Cultura del Renacimiento en Italia se
centraba en reivindicar para la época la individualidad y el espíritu laico.
Para este autor, la quiebra entre E.M. Y Renacimiento resultaba evidente y se
producía hacia mediados del XV. Para Burckhardt el Renacimiento es sinónimo de
modernidad e Italia el foco difusor de las nuevas actitudes. Esta hipótesis de
Burckhardt tenía precedentes en Giorgio Vasari, que habló del despertar de su
época, de una nueva edad de oro contrapuesta a la edad oscura. Otros autores,
como Huizinga en El otoño de la E.M.,
que consideraron el Renacimiento como un declive o epílogo del periodo
medieval.
Por otro lado, frente a Burckhardt, que había centrado el
verdadero Renacimiento en Italia, fue configurándose la conciencia de un
Renacimiento nórdico, no paganizante sino cristiano, una de cuyas figuras más
significativas fue Erasmo. Peter Burke ha subrayado la necesidad de considerar
el Renacimiento no como un periodo concreto, sino como una dinámica expansiva en
amplio contexto.
Bibliografía:
Floristán, A. (2015): Historia Moderna Universal, Ariel, Madrid.
Ribot, L. (2017): La Edad Moderna (siglos XV-XVIII), Marcial Pons, Madrid.
Goetz, W. (dir.) (1969): " Tomo V: La revolución religiosa, la era de la Reforma y la Contrarreforma" en Historia Universal, Espasa-Calpe, Madrid.
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