Con un nombre
que tradicionalmente ha sido un sinónimo del humanismo, ¿quién podía imaginarse
que Erasmo fuese de todo menos tolerante? La figura de Erasmo de Róterdam (1466-1536) está llena de
connotaciones positivas. El humanista holandés encarna valores como la
integridad, el pacifismo, el ansia de conocimiento propia del esplendor
renacentista. Pero... ¿y si esta imagen estuviera en flagrante contradicción
con el personaje de carne y hueso?
Erasmo fue también pendenciero, misántropo, impertinente, borrachín...
Tuvo, sin embargo, un talento incomparable para autopromocionarse y difundir la
imagen opuesta, la de un hombre desinteresado, amigo fiel y amante de la
verdad. Resulta interesante que un autor tan asociado con la idea de tolerancia
pudiera ser tan injurioso con los demás. En una ocasión en la que un editor publicó
una obra adversa, su reacción fue atacarle con toda la artillería a él y a toda su
familia.



