Un rasgo destacado y poco conocido de Erasmo
es el de su frágil salud, hecho que le obligó a tener que hacer frente a lo
largo de toda su vida a numerosos contratiempos en el aspecto físico.
Sin ir
más lejos, la redacción de su obra Elogio se debió a un ataque de riñón
que le imposibilitó su salida de casa durante una semana. Su idea inicial era
un mero entretenimiento. “Distraerme del dolor que me aquejaba” dice
posteriormente en un escrito sobre aquello días. El manuscrito agradó mucho a
sus más allegados y decidió su posterior publicación.
Una de las enfermedades
más pesadas que soportó fue la dispepsia (indigestión). Estaba causada,
generalmente, por el pescado impuesto durante los días de ayuno. Por necesidad
más que por deseo (su origen era humilde) tuvo que suscribirse a una dieta
refinada y muy envidiable. Un borgoña debía acompañarle siempre para avivar su
sangre (aunque si el vino estaba un ápice avinagrado, su estómago se resentía)
y carne fresca, recién obtenida del animal. Reuma y el mal de piedra también
fueron compañeras del erudito.
El viento le perturbaba muchísimo, hacía
tambalear su salud de una manera alarmante. Igualmente, el frío lo atizaba
hasta lo más profundo de su esqueleto. En prácticamente todos los retratos
suyos está revestido por un ejército de densas y peludas prendas, con su correspondiente
birrete. El humo de las estufas para combatir el nocivo frío saturaba sus
pulmones.
Como ejemplo radical de su quebradiza condición física, Erasmo no
podía utilizar las habituales astillas untadas con resina para iluminarse
durante sus largas horas de estudios nocturnos. Desprendían demasiadas toxinas
para su respiración. Muy preferibles las velas de cera, también resultaban más
caras.
Su delicada salud le otorgó un temperamento que le acompañó siempre, y no
le impidió convertirse, frente a las presiones de católicos y protestantes, en
la personalidad del momento: Príncipe del humanismo y primer faro
intelectual de la Europa moderna.
Bibliografía:
Zweig, S. (2006): Erasmo de Rotterdam. Triunfo y Tragedia, Paidós Testimonio, Madrid.
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