Dentro del amplio y heterogéneo movimiento del Humanismo, Erasmo destaca como el indiscutido “Príncipe de los Humanistas”. Su popularidad intelectual alcanzó tal magnitud que gobernantes, académicos y editores trataron continuamente de atraerle con invitaciones y ofertas de trabajo. Todos los que querían alcanzar una posición relevante en el mundo de las letras intentaban granjearse su amistad.
Fue un reformador de las tradiciones cristianas, en busca
de un cristianismo esencial y evangélico, con la pretensión de alcanzar una aproximación
más directa del cristiano a Dios.
También fue un pedagogo que renovó los sistemas de
enseñanza mediante la publicación de gramáticas o tratados escolares, y la
creación de escuelas nuevas, como el Colegio de las Tres Lenguas, en
Lovaina
Las principales ideas que Erasmo trató de propagar fueron
las siguientes: Renovación de la Iglesia. Para él, la función principal de
la institución eclesiástica debía de ser la evangelización y para dicha labor
no era necesario que estuviese estructurada como un Estado. Su actitud le
aportó numerosas críticas de parte de los teólogos oficiales y de la
Inquisición. Sus libros y sus ideas contribuyeron a preparar el caldo de
cultivo en el que estallaría la Reforma luterana y acabaron minando el sistema
oficial de la Iglesia católica (pese a que Erasmo prefirió siempre permanecer dentro de ella).