El Humanismo introdujo una
novedosa cosmovisión en el mundo renacentista e intentará con sus nuevos
postulados liberarse de las ataduras morales y religiosas características de la
cultura eclesiástica de la Edad Media. Esta nueva corriente de pensamiento
suponía una puesta en valor de todos los aspectos nobles que se encuentran
dentro del género humano, de sus capacidades y valores, frente a los afanes de
salvación exaltadamente manifiestos en épocas anteriores. Los clásicos
grecorromanos se convirtieron en modelos universales, que debían ser
incorporados a la herencia cristiana, ya que las ideas de armonía y unidad van
a ser referencias fundamentales en la cosmovisión humanista.
El Humanismo, además de mostrar
su interés por el mundo clásico, también fue entendido como un nuevo modo de
vivir, destacando sus actitudes éticas y estéticas. Se persiguió un ideal de
hombre completo, en el que destacaban la virtud y la integridad.
Estos nuevos postulados tuvieron
su fiel reflejo en las artes plásticas, donde los artistas buscaban la
idealización de lo humano. En la propagación de estos nuevos postulados jugó un
papel determinante la imprenta.
En cuanto a la idea de poder, el
humanismo también dirigió su mirada hacia el mundo clásico, convirtiéndose la
figura de Cicerón en el modelo a imitar. El propio Erasmo de Rotterdam se
mostraba partidario de los regímenes republicanos, mostrándose crítico con los
príncipes, a pesar de ser la monarquía la institución característica de la
Europa del momento. El humanismo también halló inspiración en el estoicismo de
Séneca, esto es, entereza y serenidad frente a la tiranía.
Bibliografía:
Floristán Imízcoz, A. (coor.):
(2015) Historia Moderna Universal, Ariel, Barcelona
Ribot, L. (2017): Le Edad
Moderna (siglos XV-XVIII), Marcial Pons Historia, Madrid
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