Erasmo
de Rotterdam, uno de los más brillantes nombres del Renacimiento, puede ser
considerado como un precursor de la tanatología. En aquella época de utopía y
de desgarramiento Erasmo sufrió esa ruptura, pero sin perder la esperanza. La
espera y la esperanza acompañan nuestro peregrinar en este mundo. De esto trata
su breve ensayo 'Preparación para la muerte'. Entre los autores del
Renacimiento es preponderante el tema de la educación, de aquí la importancia de
educar para la vida y para la muerte. Ya Platón enfatizaba que filosofar es
prepararse para morir.
Al cumplir 67 años Erasmo vendió su biblioteca y con
este desprendimiento preparaba su partida, aunque luego señalará que el más
profundo desprendimiento es ofrendar la vida. Erasmo comienza su libro con una
cita de Aristóteles: “de todas las cosas terribles, la más terrible es la
muerte”. Concibe al hombre como un ser peregrino: “somos caminantes de este
mundo, no habitantes, peregrinamos en hosterías, o (por mejor decir) en
tiendas; no vivimos en la patria. Toda esta vida no es otra cosa que una
carrera hacia la muerte…”. Erasmo señala que la muerte se nos da por igual a
todos, reyes y ricos, campesinos y mendigos. Nuestra naturaleza es mortal:
“indignarnos de que moriremos, no es menos vergonzoso que si nos indignáramos
de haber nacido”.
Erasmo encuentra en el Eclesiastés, una ponderación del día
de la muerte: “es mejor el día de la muerte que del nacimiento”, de aquí la
importancia de la preparación para la muerte: “la infancia no se siente, la
adolescencia se nos va volando, la juventud se escurre, la vejez sorprende… nos
queda la esperanza cierta de otra vida”, en lo cual coincide con la famosa
tanatóloga Elisabeth Kübler-Ross. Erasmo observa que suele ser frecuente el
prometernos a nosotros mismos, en un futuro, cambiar de vida, ser mejores. Sin
embargo, ¿quién puede presumir que va a vivir en el futuro?, ¿quién se puede
prometer un día más de vida?: “nadie al entregarse al sueño, está cierto de que
despertará… la muerte es hermana del sueño”.
La muerte nos recuerda los
aspectos claves que la rodean, entre ellos el juicio de la vida, queda siempre
la pregunta ¿a quién tengo que dar cuentas? El filósofo de Rotterdam recomienda
hacer el testamento con tiempo, no a última hora cuando existen muchas
presiones. Observa que algunos rechazan hacer el testamento, como si fuera algo
funesto: “el testamento no hará que mueras más pronto, sino más tranquilo.” El
testamento debe ser claro, sin ambigüedades, de otra manera, como diría
Jean-Paul Sartre, varios siglos después: “los muertos son el botín de los
vivos”. Erasmo capta también una necesidad básica del enfermo terminal, dar y
pedir perdón, de este modo la muerte es trasformadora de nuestra vida.
La
muerte nos muestra la fragilidad de nuestra existencia: “ella es el parteaguas
de la vida, o por un asalto, o por un terremoto: ¿a cuántos no los atrapa las
ruinas de sus propios techos?”. El sólo acumular riquezas y darse a “la buena
vida” es insensato. Acumular bienes por acumular no puede ser el fin de la
vida. La avaricia es un barril sin fondo, nadie posee plenamente algo si no es
capaz de darlo. En la vida todo es incierto, sólo la muerte es segura, pero la
hora de la muerte y el modo es incierto. Por consiguiente, es necesario
cultivar las riquezas del espíritu. En el fondo es pobre el que teniendo mucho
quiere tener más. La avaricia es como beber agua salada, mientras más se bebe,
se tiene más sed. En suma, todo ser humano tiene que asumir una gran tarea,
encargarse de su vida, prepararse a morir. La muerte nos impulsa a vivir una
existencia más auténtica: aceptar nuestra finitud, gozar nuestra condición
itinerante, relativizar la acumulación de bienes y funciones sociales,
descalificar el egoísmo y el afán de lucro, a fin de valorar la solidaridad
humana y la profundidad del momento y la tarea presente.
Bibliografía:
Copleston, F. (2016):Historia de la Filosofía, Ariel, Barcelona.
Bibliografía:
Copleston, F. (2016):Historia de la Filosofía, Ariel, Barcelona.
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